lunes, 23 de diciembre de 2013

Viva

Mirar al techo y solo descubrir que no hay nada más que unas sucias y desgastadas láminas de cielo raso. Ver como tus pensamientos se esfuman entre ellas, sin ningún resultado. Deprimente estirar tu brazos, y sentir esa fría sensación de soledad. Soledad que te arropa, y endurece tus pulmones como si estuvieses más allá de muerto. Cerrar los ojos, y volver a pensar en quienes están para ti, en lo mucho que los necesitas, pero analizar y entender que no existe nadie más que tu y tu conciencia. Que tu y tus problemas. Que estás tan sola como nunca antes. Pensar en lo bien que crees haberte portado. Sentir el miedo correr por tus entrañas, la piel de gallina hasta por debajo de tus muslos, los ojos llenos de duras lágrimas. No es fácil, para nada que lo es. Quizás tu vida fuese perfecta si solo a tu lado estuviera una sola persona. Esa que no te permita sentir dolor, que no deje correr ni una lagrima por tus mejillas, que entretenga tus momentos de aburrimiento y soledad. Es más triste entender que no te pertenece, que no nacieron para estar juntos, y que no estuvo, ni esta, ni estará contigo jamas, porque simplemente no naciste para el, y tu destino no está escrito en el suyo.
Saltar de la cama al escuchar los fuertes toques en la puerta, la voz de tu madre gritar, las cornetas de los autos sonar, el calor de tu hogar, los gritos insoportables de los hijos de tus vecinos, el perro ladrar, y el teléfono sonar. Salir rápidamente de tu ensimismamiento y entrar en sí. Por un instante de tu vida sentir que estas loca, y luego comprender que estas viva. Que has experimentado mucho, y que el tiempo aun sigue su camino. Eso y nada más que eso, significa tanto, que tu soledad solo queda en olvido. Porque a pesar de todo, el mundo comenzó a girar de nuevo.



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